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Carlos González y Gustavo Acosta: Vuelo, vértigo y otros acertijos

By Janet Batet. ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

Asomarse al mar es siempre un riesgo. Vía y cerco, el mar es un enigma: Magnánimo se ofrece; tremendo nos hostiga. Símbolo por excelencia del estigma migratorio del pueblo cubano, el mar nos cimbra en tanto cultura, límite geográfico y acertijo. La galería PanAmerican ArtProject en el Design District nos ofrece una muestra altamente evocativa. Carlos González y Gustavo Acosta integran el dueto que invita al vuelo cenital que, a ratos sobre el mar y otras planeando sobre tierra, se adentra en la memoria y rinde homenaje sentido a ese cauce infinito que es la cultura cubana dentro y fuera de la isla.


Carlos González, es un artífice magnífico. Creador de ingeniosas maquinarias que desafían el repto en pos del vuelo, dejando atrás el fardo que ata y sentencia para levarse en ese reto que es todo vuelo hacia lo desconocido. Sus sofisticadas maquinarias tienen mucho del espíritu renacentista donde el hombre, centro del universo y maestro de la razón, es capaz de emprender y llevar a término cualquier proyecto avalado por el raciocinio. Aspas, globos, alas, se confabulan conformando entidades que demandan del humano. Una suerte de cyborg se prefigura. Tal parece que el sujeto hubiera sufrido una suerte de evolución --o mutación-- en la que ya no puede deslindarse del instinto compulsivo de alzar vuelo.

Otro detalle se impone, la evasión es reflejo de un ser excluido de su entorno, dueño de nada, lo cual funciona como paradoja con el espíritu renacentista.Las esculturas son de un nivel de limpieza impresionante. Depuradas y bruñidas estructuras metálicas que se convierten en peligrosos espejos donde nos reconocemos por momentos. Las pulidas estructuras de carácter cinético sugieren hirientes aspas, afiladas cuchillas, alineados remos que ponen de relieve el ínfimo vórtice sobre el que se juegan sueño y delirio, deseo y quimera, libertad y muerte.

Sus obras podrían ser cómodamente clasificadas como esculturas. Sin embargo, dicha clasificación sería un tanto reduccionista en el caso de la propuesta de González, donde la noción de artefacto, así como el carácter funcional y ergonómico de su obra, imponen al espectador una reconstrucción intelectual, deviniendo una suerte de perfomance mental donde la pieza actúa como memoria documental, reminiscencia o recuento.

Las obras de Carlos González son sencillamente sobrecogedoras: de una belleza espeluznante. En este sentido, destaca Flights of Fancy (Vuelos de fantasía), 2009. La imponente pieza de escala real --característica esencial de la obra de este artista-- está compuesta por un arnés que promete la posibilidad del vuelo. Cinco imponentes alas se alinean a cada lado de la estructura.

Por momentos la naturaleza del artefacto es confusa. No sabemos si efectivamente son alas o remos de una nave ignota. El perentorio artefacto nos remite atrás en el tiempo, a una época anterior a la de la aparición de la aviación. Este detalle enfatiza la necesidad de inventiva de una estirpe aislada y privada de recursos que aún en medio del siglo XXI tiene que recurrir a los ardides más precarios incluso a riesgo de la propia vida.

Compartiendo espacio con ellas, en reunión feliz, asoman las vistas cenitales de Gustavo Acosta. Diríase que asistimos a instantáneas tomadas durante el vuelo a bordo de uno de los artefactos de Carlos González. Las vistas, muchas veces parecen caprichosos cuadros abstractos, donde pequeños spots de luz prefiguran la ciudad a oscuras. Otras, en un vuelo más rasante, sobrevuela azoteas típicas de barrios habaneros. Desde el punto de vista cromático, estas vistas parecieran infrarrojas. El dominio del color verde enfatiza la ausencia del humano, mientras la arquitectura derruida se impone en tanto vestigio de una ciudad en ruinas, sobreviviente de alguna guerra.A veces, el mar asoma.

The Big Splash (El gran chapoteo), 2009 nos ofrece una vista desde la Isla. El borde zigzagueante del muro del malecón --esa nítida barrera entre el asfalto y la sal-- presupone el punto de vista reflexivo y anhelante desde la isla. La sintomática obra nos trae de vuelta a Icaro en su huida de Minos. La espuma se alza caprichosa, esquela de quimeras, sueño, espejismo, deseo. El infinito azur, pleno de inquietudes e interrogantes se impone una vez más en tanto vía y término. Las olas picadas rompen en agitadas crestas, donde la espuma pareciera cientos de alas a la deriva, caprichosas nubes blancas, como si un pedazo de cielo descendiera a la tierra, allí en medio del océano, como tributo postrero.

The Great Systems-Flights of Fancy en la PanAmerican Art Projects es una magnífica exposición: viaje y homenaje sentido. • This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

`The Great Systems-Flights of Fancy', en la galería PanAmerican ArtProject, hasta el 3 de octubre. 2450 NW 2 Avenue, Miami, (305) 573-2400, www.panamericanart.com.